Se trata de un camino: poco a poco se va aprendiendo a hacer de su vida un servicio a otros con todas las fuerzas. Se entra en una configuración cada vez mayor de ser persona. Este llamado a servir ordena todas las otras opciones de la vida, y se convierte en el fundamento existencial de nuestra persona.
Este llamado conlleva una noción de ruptura: siempre hay que “dejar” algo para entrar en otra cosa, recibida como una aventura.
Este llamado implica una dimensión vocacional (vocare: llamar). Se trata de “perder su vida”. Este ir es un camino de despliegue de los carismas y talentos; refuerza nuestra identidad al mismo tiempo que nos hacemos solidarios a otros.
Tal llamado, damos testimonio, puede ser recibido en todo estado de vida y una respuesta plena puede darse en cualquier estado de vida. Somos casados, vivimos nuestro estado de pareja y familia como primer lugar de respuesta a este llamado.